[ANÁLISIS] Corazón de Arlequín – Literatura clásica

¡Una historia de amor mágica y moderna! Quienes han pasado a solas el día de San Valentín son conscientes de que esa fría festividad de febrero puede ser muy difícil de soportar. Los galardonados autores Neil Gaiman y John Bolton quieren que sepáis que lo único que hace falta es un cuchillo para cortar carne, un tenedor y un frasco de ketchup de buena calidad… En esta revisión contemporánea de un mito clásico de la Commedia dell’arte, repleto de payasadas y de amor tan servil como inútil, Gaiman y Bolton actualizan el relato de Arlequín y Colombina. Arlequín, un mágico bufón que debe asumir la carga de un corazón que pesa demasiado, persigue a su sensible e inconsciente Colombina por las calles de la ciudad, tras haberle entregado su corazón por voluntad propia. Consumido por el amor, el impulsivo payaso verá su corazón arrastrado por todo el municipio, con una fascinante sorpresa final que dota de un giro moderno al relato.

Después de leer Corazón de Arlequín me he quedado con un poco de desasosiego en el cuerpo. No por la obra en sí, que me ha parecido entretenida y en líneas generales me ha gustado. Me he quedado preocupado porque a mis 32 años, y después de haber pasado la mitad de ese tiempo en periodo escolar no puedo evitar que me recorra la sensación de que debería saber quiénes son Arlequín y Colombina. Y que de saberlo, hubiera disfrutado muchísimo más de la obra y de la sorpresa final que se menciona en la sinopsis. Quiero decir, por supuesto que si alguien dice la palabra arlequín  sin contexto previo alguno me viene a la mente la figura del saltimbanqui con traje a rombos, pero poco más. Y por mucho que Corazón de Arlequín incluya unas notas finales explicando brevemente sus orígenes y los de la Commedia, no puedo evitar sentir ira ante tantos años estudiando desperdiciados.

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Desperdiciados no por mi falta de interés o de capacidad (que sería otro tema que daría para debatir largo y tendido); desperdiciados por un sistema educativo en el que la literatura es ombliguista y anclada en los mísmos cánones desde hace décadas. Si, recuerdo vagamente a la Generación del 27, el esperpento, y el Quijote (siempre por encima de todo el dichoso Quijote). Me duele no haber leído nunca a Shakespeare, a Edgar Allan Poe o la Divina Comedia de Dante. Haber tenido que descubrir el Drácula de Stoker o el Frankenstein de Shelley por mi cuenta. Y no se que sentido tiene estudiar literatura para a mis 32 años, no tener ni idea de qué es la Commedia dell’arte por mucho que me suenen los nombres de Arlequín, Polinchinela o Pierrot. Me da pena que por centrarnos tanto en lo nuestro (que merecerá la pena o no, lo dejo a criterio de cada uno) nos olvidemos de lo que es universal.

Lamentos aparte, aquellos que carezcan de la formación antes mencionada no deben en absoluto sentirse amenazados por Corazón de Arlequín. Quienes sientan curiosidad por la historia, seguramente lo hagan atraídos por la figura de Neil Gaiman; y cuando hablamos de Gaiman, siempre hablamos de cuento y mitología. Lo bueno de los cuentos es que uno los entiende aunque no llegue a captar su verdadero significado. Uno puede perderse el doble juego de adaptar la obra original a tiempos modernos, pero sigue siendo perfectamente comprensible el hecho de que un personaje llamado Arlequín, con habilidades fuera de lo común, se enamora de una chica y urde un plan para conquistarla entregándole, literalmente, su corazon.

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Y es en este punto donde afirmaba que la obra me ha parecido entretenida y que puedo afirmar con tranquilidad que ha sido de mi agrado. Posiblemente de haber tenido más información previa, mi análisis sería mucho más positivo. Pero trabajo con lo que tengo, y a pesar de que como siempre los textos de Gaiman se beben con rápidez, y que el dibujo de Bolton, aunque poco habitual, resulta atractivo; si que he cerrado el tomo con la sensación de no haber leído nada revolucionario o que me haya marcado de determinada manera. Una historia, un cuento sin más para pasar el rato con un libro en las manos, que siempre es cosa agradable.

O quizás me equivoque y Corazón de Arlequín sea el detonante que me haga interesarme por la literatura más clásica.

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