[ANÁLISIS] Everest – Tragedia en la cima del mundo

Inspirada en los acontecimientos que tuvieron lugar durante un intento por alcanzar el pico más alto del mundo, narra el recorrido de dos expediciones que se enfrentan a una de las peores tormentas de nieve que el hombre ha conocido jamás. El temple de los alpinistas es puesto a prueba cuando deben luchar contra la furia desatada de los elementos y superar obstáculos imposibles en un desesperado esfuerzo por sobrevivir.

No resulta habitual que tras salir de ver una película, uno se pegue todo el camino hasta casa dándole vueltas al asunto. Menos aún que cuando llega la hora de meterse en la cama, lo visto en la gran pantalla se resista a dar paso al necesario descanso del sueño. Si a la mañana siguiente uno llega al trabajo y lo primero que hace es ponerse a investigar en internet sobre los temas que trata la película… No queda mucho margen a la discusión, la cinta en cuestión es para el implicado, una gran película. Independientemente de que realmente lo sea o no (asumiendo que nadie está nunca en poder de la verdad absoluta).

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Everest, una película a la que me acerqué más motivado por la espectacularidad que podría encontrar en la pantalla y como una oportunidad fantástica de probar una sala de cine con proyector láser y sonido certificado Dobly Atmos (experiencia que recomiendo encarecidamente a los amantes del cine) y que finalmente ha terminado por obsesionarme, en el mejor sentido que se le pueda dar al calificativo. Muchas de las críticas que se pueden encontrar por la red, la califican de una película que sube para morir al Everest y tarda dos horas y media en hacerlo. Y es cierto. Pero muchas veces ya hemos dicho que es más importante el cómo se cuenta que realmente la historia de fondo.

Seamos siceros el “inspirado en una historia real” ya no nos motiva especialmente a la hora de elegir película. Suelen ser obras sensibleras y propensas a la lágrima fácil, auténticas americanadas cargadas de épica y golpes en el pecho donde los protagonistas son tratados como héroes. Everest no ofrece nada de eso. La verdadera protagonista es la montaña, y es una cabrona peligrosa, fría y despiadada. Soy de la opinión de que la cinta está realizada con bastante buen gusto y que trata de ser bastante fiel a lo sucedido en 1996 (aunque algunos de los presentes en la época confirma que no es 100% precisa), pero desde mi humilde opinión el tratamiento es acertado, y la base de la historia es sólida.

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Pero la clave de la película es su espectacularidad. Algunos de nosotros no sólo no subiremos nunca al Everest, si no que probablemente ni lo veamos de lejos. Para todos nosotros Everest quizás sea una de las mejores opciones de intentar hacernos una idea de cómo es subirlo. Especialmente si lo hacemos en las condiciones adecuadas. Everest es una de esas películas pensadas para verse en el CINEY lo ponemos en mayúsculas porque hablamos de salas con la mayor calidad de imagen y sonido posible, no del cine de verano de tu pueblo de la playa, o tu magnífico proyector doméstico con altavoces 7.1. Everest es una de esas películas de las que te hacen recobrar la fe en el cine como medio comercial si los exhibidores son inteligentes al gestionar sus precios.

Posiblemente no acabe entrando en mi colección de cine doméstico, pero sí puedo confirmar con rotundidad que Everest es una de las películas que más me han gustado de lo que va de año.

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