[ANÁLISIS] Ex Machina nº 10 – Fin de mandato

Nueva York afronta de nuevo una amenaza de dimensiones apocalípticas. En esta ocasión no se trata de terroristas, sino de un peligro aún mayor. La periodista Suzanne Padilla se dispone a abrir un portal hacia otra dimensión para que nuestro mundo sea invadido por lo que quiera que habite al otro lado. Es la hora de la verdad y la única persona capaz de neutralizar el peligro es Mitchell Hundred, que se enfunda su viejo traje para convertirse en héroe durante unas horas. La Gran Máquina está preparada, pero ¿bastarán sus habilidades para neutralizar esta monstruosa invasión?

Creo sinceramente que lo difícil no es empezar, sino acabar. Iniciar una obra de ficción, un relato, una historia, es “tan sencillo” como tener claro a dónde queremos ir y empezar a caminar; poner un pie delante del otro. Ya, conforme la trama avance, habrá tiempo de enriquecer la trama con giros inesperados o personajes mucho más profundos de lo que parecían en un principio. Pero… ¿como terminar? ¿Cómo plantear esa última página? Tras semanas, meses o incluso años conviviendo con una serie de personajes y sus aventuras, desventuras, amores y odios. ¿Cómo hace un guionista para terminar esa última página que diga “se acabó, adiós, ha estado bien pero tenemos que dejarlo”? Creo que esa es la verdadera dificultad detrás de la creación de un relato y el verdadero reto para sus autores.

Quiero decir. Normalmente uno no se queda con el recuerdo de la primera impresión. Lo que suele prevalecer en la memoria es ese final (sobre todo si es inesperado). Seguramente siempre recuerde esos primeros números de Ex Machina donde Brian K. Vaughan me sorprendió con un planteamiento novedoso. Pero lo que sin duda no olvidaré jamás son esas últimas decisiones que Mitchell Hundred toma en estos últimos episodios. Aquellas que realmente reflejan el tipo de persona ante la que me he encontrado todo este tiempo y que a lo mejor escondía más de lo que se veía a simple vista.

Todos estos meses hemos alabado la figura del protagonista de Ex Machina como un ejemplo a seguir. El modelo de político perfecto más interesado en resolver los problemas de la gente que en ganar una carrera política. Sin embargo, ¿puede una causa, por noble que sea, justificar los medios necesarios para alcanzarla? Por extraño que pueda parecer, Ex Machina no trata sobre un señor con poderes en un mundo real que tiene que evitar una invasión interdimensional. Esa es la excusa del autor para poner sobre un terreno diferente preguntas que, desgraciadamente, no nos planteamos con toda la frecuencia que deberíamos. Aquellas que implican a quienes nos gobiernan y sus objetivos.

Quizás por eso anoche me fui con una extraña sensación agridulce a la cama. No quiero condicionar a nadie que todavía esté pendiente de leer este último número de Ex Machina. Mucho menos estropearos la sorpresa. Pero ya que el objetivo de esta revista siempre ha sido el de transmitir sensaciones, ir más allá del mero análisis técnico de una obra; tampoco puedo cerrar esta etapa sobre Ex Machina sin hacer llegar a los potenciales lectores aquellas sensaciones que me invadieron al cerrar el último numero. Definitivamente creo que Ex Machina aprueba en mi baremo personal. A lo mejor no ostentará un puesto de honor en un ranking privado, pero si que puedo decir que he disfrutado leyéndola. Sin embargo, encontrarme lo que me he encontrado al final… Ha sido revelador a la par que decepcionante.

Queda ya en la mano de cada uno sacar sus propias conclusiones y valorar el resultado.

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