[ANÁLISIS] Ex-Machina nº 8 – Juego Sucio

El Partido Republicano va a celebrar una convención en la ciudad de Nueva York. ¡Y el mismísimo George W. Bush asistirá a la asamblea! Pero una invitada de última hora podría arruinar esta reunión. Se trata de una misteriosa enmascarada que, inspirándose en los métodos de la Gran Máquina, se ha especializado en actos de vandalismo urbano con objeto de ridiculizar al presidente de Estados Unidos. Para detenerla, nadie mojor que el alcalde Mitchell Hundred.

Queda poco, apenas nada para que el recorrido tan interesante que estamos realizando con Ex Machina llegue a su fin. Dos últimos volúmenes si no contamos este que analizamos hoy para que el mandato de Mitchell Hundred llegue a su fin. Y aunque es cierto que la colección ha perdido algo de ese acelerón inicial, especialmente en matería de crítica política, la verdad es que parece haberse instalado en una velocidad de crucero que la mantiene en un nivel bastante digno como para que estemos dispuestos a terminar lo que queda de serie para saber como acaba.

Porque cada vez se empieza a dejar de lado el pasado de Hundred como la Gran Máquina y se empieza a especular del futuro. Todavía quedan muchos misterios sobre qué es realmente lo que le sucedió y le otorgó sus poderes. Incluso las repercusiones que estos mismos podrían traer en un futuro no muy lejano sobre la ciudad de Nueva York. Sea lo que sea lo que ha de suceder, sin lugar a dudas no nos dejará indiferentes, ya que las aspiraciones de Hundred con tal de ayudar a la gente le hacen apuntar muy alto.

Pero de momento sigue siendo el alcalde de Nueva York y tiene problemas particulares a los que atenerse. En esta ocasión, la amenaza del arco argumental correspondiente también viene de su pasado como la Gran Máquina… aunque ni él mismo lo sepa. Esta no es una historia nueva. No es la primera vez que vemos como una damisela rescatada por alguno de sus héroes se obsesiona de tal manera con él que decide convertirse en “supervillana” para atraer su atención. Sin lugar a dudas el amor, o la atracción que solemos confundir con él es la fuente de todas las maravillas y los problemas del mundo.

Este octavo tomo de Ex Machina cuenta también con un interesante especial. En la línea habitual de la serie de combinar presente y pasado no sólo asistimos al dilema que afronta el alcalde de Nueva York sobre la presencia del Ku Klux Klan en su ciudad; también nos ofrece una visión de sus primeros días con sus poderes a cuestas y como afronta una persona normal, recien salida de una experiencia traumatica, el hecho de escuchar y poder hablar con las máquinas que le rodean.

Sin lugar a dudas una serie que se mantiene interesante y a la cual merece la pena dedicarle algo de tiempo por ser diferente a las demás.

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