Furia Ciega

Furia ciega está protagonizada por Nicolas Cage en el papel de Milton, un delincuente habitual que se escapa de la cárcel en busca de una última oportunidad de redimirse. Decidido a detener a una despiadada secta de fanáticos que asesinó a su hija, tiene tres días para hacerlo antes de que sacrifiquen a su nieta bajo la luna llena. Milton debe encauzar su furia más allá de los límites del hombre para salvar a su último vínculo con la humanidad.

Le acompaña Piper, una joven camarera sexy y lista que “toma prestado” el Muscle Car rojo de su ex novio para ayudar a Milton. Ahora, ambos se encuentran tras la pista del carismático Jonah King y sus seguidores asesinos. King está dispuesto a lanzar a cada uno de sus fieles bajo las ruedas del Black Challenger turbo del 71 de Milton para cumplir su destino e instaurar el infierno en la Tierra.

Sin embargo, la sangrienta secta es el menor de los problemas de Milton. La policía también va tras sus pasos. Y aún peor. Un enigmático asesino conocido simplemente como El Contable hace lo propio. El Contable sabe lo que Milton intenta hacer y no le importa. Con una furia terrible, perversa e hipnótica, El Contable persigue a Milton sin descanso y a una gran velocidad por las carreteras olvidadas del Sur de Estados Unidos.

Impulsados por los octanos y por pura rabia, Milton y Piper deben combatir los ataques de los discípulos de King, vengar a su hija asesinada y salvar a su nieta antes de que se agote su última oportunidad para redimirse.

Seamos sinceros. La película no es buena. Y no lo es por varios motivos. Sin embargo, tiene un gran punto a su favor. Es capaz de no tomarse en serio a sí misma cuando corresponde.

Veamos. Nos encontramos ante una road movie con tintes sobrenaturales. Rodada en 3D (ahora volveremos sobre eso) por lo que nadie debería esperar una trama compleja y profunda. Y además con Nicolas “peluquín” Cage (menos mal que no le dejaron en su día hacer de Superman) a la cabeza del reparto. Y eso tampoco es especialmente bueno. Para colmo, muchos de los efectos digitales rozan el aprobado justito. Tampoco mola eso. Si hemos dicho que la trama no es compleja, también sería de recibo mencionar que es altamente previsible. Y para colmo, la supuesta “sorpresa” sobre el origen de protagonista, se ve venir desde los primeros compases de la historia.

Oye, y sin embargo, este que les escribe se lo ha pasado teta viéndola. Yo aún diría más, no me he aburrido ni siquiera un poquito. ¿Por qué? En primer lugar, porque efectivamente, la película está rodada en 3D, y muy bien rodada, prácticamente toda la película aprovecha las capacidades de la nueva tecnología. Y lo hace con muy buen gusto, huyendo del recurso fácil de lanzar cosas a la cara del protagonista y buscando encuadres con objetos y personajes en distintos términos (o planos) de profundidad. ¡Un minipunto para el equipo de la película! Y lo más importante. Que aunque la trama no pasa del entretenimiento somero, no se complica con florituras. Incluso se guarda algunas escenas para reirse de sí misma al más puro estilo “mira nena, como molo”. Más de uno que ha intentado hacer películas similares en serio ha metido la pata. Y en relación a esto me gustaría meter un poco de cuña.

Esta película (obviamente con algún cambio sobre el personaje protagonista) hubiera funcionado de putísima madre (si me perdonan la expresión) como punto de partida para el Motorista Fantasma. Lo digo totalmente en serio. Obviamente no llegaría al nivel de el Batman de Christopher Nolan. Y seguramente no pasaría el listón de las últimas producciones de la Marvel (con la salvedad, quizás de IronMan 2 que también es mala con avaricia). Sin embargo, hubiera dado muchísimo mejor resultado que el despropósito que fue la primera película del cráneo llameante. Señor Cage, a ver si se deja usted caer con algo del estilo a esto para la segunda entrega que ya tienen entre manos.

Muchos defectos y tan solo dos puntos fuertes. Y vive Dios que las virtudes seguramente no puedan soportar la carga de los aspectos negativos en las mentes más críticas. Sin embargo, compensan lo suficiente como para que el resultado final sea medianamente digno, y sobre todo, entretenido. Seguramente no mereciera la pena lo que vale una entrada en salas 3D. Y seguro que no justifica la compra de un carísimo televisor provisto de esta tecnología. Lo que sí es seguro es que con el tiempo, cuando todos los televisores incorporen las dichosas gafas (o no), si que se trata de una opción muy a tener en cuenta para ver con los amigos.

En definitiva, un producto bastante entretenido pero que en sí mismo no posee ninguna cualidad que justifique un desembolso de dinero. Yo la recomendaría a más de uno.

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