[ANÁLISIS] God of War – Kratos… ¡e hijo!

Controla tu ira. Kratos ha dejado atrás su venganza contra los dioses del Olimpo y vive ahora en los dominios de las deidades y los monstruos nórdicos. En este mundo cruel e implacable debe luchar para sobrevivir, además de enseñar a su hijo a hacerlo también… e impedir que cometa los mismos errores sangrientos que el Fantasma de Esparta. Este impactante replanteamiento de God of War combina los elementos característicos de la icónica serie (el combate brutal, las luchas épicas entre dioses y una escala impresionante) con una narración intensa y emotiva que vuelve a definir el mundo de Kratos.

Tengo que reconocerlo. Para mi la saga God of War llevaba muerta ya un par de entregas. Alguien me dijo alguna vez que la nostalgia es el precio que pagamos por los buenos momentos, y mientras más disfrutamos, más alto es el precio. Y aunque comprendo, (soy fan de Star Wars así que creedme, lo comprendo mejor que mucha otra gente) que resulta muy complicado vivir con la palabra FIN, en ocasiones es mejor dejar que las cosas terminen cuando tienen que terminar en lugar de alargarlas, dejando que se pudran y se estropeen por no tener el valor de afrontar el decir adiós de una vez por todas.

Digo todo esto porque para mi la trilogía de God of War fue un ejemplo de cierre redondo. Ya estaba todo dicho. Sí, podíamos contar al título de PSP Chains of Olympus como un prólogo extra y decente (como le sucede a Uncharted con su versión para PSVita). Pero tras confirmar desde las propias oficinas de Sony Santa Monica que no habría más secuelas, y aprovechar la trampa para lanzar un Ghost of Sparta  y un Ascension que siendo entretenidos, poco o nada aportaban a la franquicia, el anuncio de este nuevo God of War, ahora ambientado (como no) en los mitos nórdicos no hacía más que provocar en mi mente el grito “por favor, dejad reposar el cadaver en paz”.

Tengo que reconocer que me equivocaba. Mis primeros pasos en este nuevo God of War fueron titubeantes, sin saber muy bien a que me enfrentaba en esta ocasión. El lavado de cara era, por cuestiones obvias, perfectamente reconocible. No sólo la mejora gráfica, si no ciertos cambios jugables como la colocación de la cámara, y en las mecánicas que no dejaban claro entrever por donde iban los tiros. Se trata del mismo Kratos al que dejamos al final de God of War III. Y habiéndose confirmado que se trataba de una secuela… mis miedos me llevaban a pensar que los cambios aparentes no fueran más que humo y luces para disfrazar otra vez más de lo mismo.

Pero sin lugar a dudas, tras haber exprimido este God of War al máximo (porque por primera vez la cosa no acaba al termninar la historia) tengo que callarme la boca, y desperdiciar la mitad de este análisis reconociendo cuan estúpido he sido por cerrar mi mente a la posibilidad de que al igual que yo con el tiempo, el juego hubiese madurado y aprendido de sus errores. God of War no sólo es una experiencia fantástica para cualquier jugador, entretenida de principio a fin, con gran cantidad de cosas para hacer y horas por delante hasta acabarlo todo. También es la mejor continuación que una saga que debería estar muerta y enterrada demuestra que todavía puede dar más juego. Y pese a no querer una cuarta entrega, tras terminarla, queda claro que sus creadores han hecho bien los deberes y todavía tienen mucho que contar en el futuro.

No es el juego del año, pero tampoco se queda lejos. Se trata de una compra imprescindible para cualquier poseedor de una PS4. Tanto si jugásteis a los originales en su momento, como si es la primera vez que os acercáis. Si en su momento jugásteis a los primeros siendo jóvenes, y ahora habéis empezado esa fantástica aventura que es la paternidad, no podéis dejar pasar bajo ningún concepto esta maravilla que es God of War.