[ANÁLISIS] Headlander – Metroidvania descabezado

Eres el último ser humano del universo y lo único que queda de ti es una cabeza sin cuerpo. Para encontrar pistas sobre tu pasado fragmentado deberás recorrer un mundo hostil de máquinas utilizando un casco especial que te permite acoplarte al cuerpo de cualquier robot. A medida que vas pasando de un cuerpo a otro, empezarás a descubrir que las cosas no son lo que parecen y que el destino de la humanidad todavía está por decidir… De la mano de Double Fine Productions llega Headlander, un juego retrofuturista de acción-aventura y desplazamiento lateral ambientado en un mundo inspirado en la ciencia-ficción de los años 70. Un mundo automatizado, una utopía frustrada en la que las mentes de todos los humanos han sido transferidas al cuerpo de unos robots impostores, bajo la soberanía de un ordenador lunático.

No se que tienen los ‘metroidvanias’ que me vuelven loco. Será por su combinación perfecta de exploración, acción y plataformas. Por esa caraterística tan personal encarnada en sus fácilmente explorables mapas. O por sus mecánicas de descubre, mejora tus habilidades y vuelve a descubrir. Ese pequeño pasillo al que sólo puedes acceder tras desbloquear ese nuevo arma, o ese salto adicional que te permite llegar a donde antes no podías. Jugar a un juego del género es, sin duda, una invitación a la rejugabilidad tras haberlo finalizado en busca de aquellas salas que sabes donde están, pero no sabes todavía como acceder.

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Me gustan los ‘metroidvanias’ y además me lo paso muy bien con las producciones de Double Fine. Quizás sea lo absurdo de sus planteamientos, o su ácido humor. Pero teniendo delante una propuesta como Headlander, que combina el género ‘metroidvania’ con ciencia ficción setentera y el humor de los chicos de Tim Schafer… resulta muy difícil resistirse. Ahora, unas 7 horas después de haber iniciado nuestra andadura (o voladura, ya que no tenemos cuerpo) y haber finalizado la historia (todavía quedan algunos trofeos por desbloquear, pero el mapa está completo al 100% a la primera pasada. Porque en Headlander el mapeado y la adquisición de habilidades están bien planificadas, y la exploración, sin ser excesivamente exigente, es satisfactoria y no nos tendrá parados mucho tiempo intentando descubrir como alcanzar esa sala que se nos resiste.

Pero en el género no todo es exploración. El otro gran pilar sobre el que se sustenta Headlander es la jugabilidad. Y aquí vuelve a cumplir sobradamente. En lugar de ofrecernos todo un arsenal de lásers, misiles, bombas y ataques cuerpo a cuerpo, las opciones son más limitadas (cambiando de cuerpo cambiamos de arma, que generalmente es un rayo de mayor o menor potencia y que se divide o dispara más rapido, poco más hay que rascar aquí), pero entra el juego nuestra preciosa cabeza voladora, que nos permitirá realizar combinaciones divertídísimas mientras usamos los diferentes cuerpos de nuestros enemigos en pleno combate.

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Si añadimos a la fórmula que Headlander tiene un argumento típico pero resultón, que se va desvelando en su justa medida conforme avanzamos, al igual que nuestras habilidades (que sin ser revolucionarias, decimos) si que invitan a desbloquear ese nuevo nodo que nos permitirá avanzar más o combatir de forma diferente; sin duda podemos afirma que se trata de un juego redondo (por aquello aprobar en todas las áreas que se nos ocurre analizar), pero tampoco sobresaliente (no está a la altura de los mejores del género). Aún así, si que se trata de una experiencia de juego muy divertida y altamente recomendable, siendo posiblemente una opción obligada para los amantes del género.

Headlander es tu nuevo mejor amigo si te gustan los ‘metroidvanias’, y un gran compañero de viaje para pasar un par de tardes arrancando cabezas mecánicas… ¿qué más se puede pedir?

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