[ANÁLISIS] Los Invisibles Vol. 4 – Infierno en América

Durante todo un año, Los Invisibles han podido recobrar fuerzas en un lujoso refugio. Pero tras la calma llega la tempestad, personificada en Jolly Roger, antigua colega de King Mob que afirma haber localizado la cura del sida en una instalación secreta situada en Dulce, Nuevo México. Así, los terroristas de lo oculto afrontarán una peligrosa misión que propiciará su enfrentamiento contra dos temibles agentes de la Iglesia Exterior: El Sr. Quimper y el Coronel Friday. 

Comienza un nuevo arco de Los Invisibles, y las sorpresas que acompañan al libro no son pocas. Todavía estamos tratando de sacudirnos la cabeza con la abrumadora información que Grant Morrison puso sobre la mesa, casi sin prepararnos para el impacto previamente. Durante más de una veintena de episodio nos dejamos llevar en un viaje que no quedaba del todo claro a dónde nos iba a llevar. Aún así, depositamos nuestra confianza en el autor e intentamos disfrutar de una experiencia que, siendo plenamente concientes de que no estabamos del todo preparados para entender. Y aunque el resultado, en líneas generales fue positivo, si que gozó de altibajos que no nos han llevado hasta la fecha a calificar Los Invisibles como una obra redonda.

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Ahora me voy a permitir empezar por el final. Si en los primeros tomos de la serie encontrábamos documentos que reflejaban el proceso de creación de la serie, en esta ocasión encontramos una carta de Grant Morrison bastante reveladora. En ella, como lectores tardíos que somos descubrimos que la obra estaba diseñada como una trilogía dispuesta para finalizar su publicación con el fin del milenio. Hasta aquí bien. Lo que no sospechábamos es que al parecer, nuestra incomodidad al leer la obra, queda patente que era compartido por muchas más personas que decidieron no invertir su dinero en la lectura de una obra que no entendían (por muy buena que fuera ésta). Lo que nos lleva a un punto interesante en el que vemos al auténtico Morrison, más allá del genio o la figura pública. No adelantaré más datos para no desvelar la sorpresa a aquellos que decidan seguir dándole a Los Invisibles el tiempo necesario para comprenderla. Sólo puedo afirmar que esas tres páginas resultan tremendamente reveladoras.

El segundo volumen de Los Invisibles es mucho más directo, entretenido y sencillo de leer. Sigue abordando un enfoque tremendamente complejo en el que magia, ciencia, tecnología, alucinaciones y misticismo se dan la mano de formas que, como lectores, jamás hubiéramos imaginado. Posiblemente la obra más personal de Morrison sea una genialidad, y lo sea más allá de cualquier duda razonable, pero al final son los clientes los que siempre tienen la razón y los que deciden en qué productos invertir su dinero. Por lo que por mucho que el señor Grant Morrison no esté de acuerdo, el nuevo cambio de ritmo le sienta estupendamente a la serie, y esperamos que se mantenga de la siguiente manera por lo menos hasta el cierre del segundo volumen (que presuponemos que ocurrirá en torno al tomo 6 de la colección).

Llama la atención también que este Infierno en América es mucho más corto que los anteriores volúmenes de Los Invisibles, no estamos seguros si debido a que el primer arco de esta etapa sólo abarca cuatro episodios o a que se pretende rebajar la carga literaria de cada entrega para permitir al lector una más fácil asimilación de los datos que contiene. Sea como fuere la verdad es que Infierno en América no sólo es uno de los tomos más entretenidos de la serie, si no uno de los que mejor sabor de boca nos ha dejado y el que más ganas de seguir leyendo los ha producido. Aunque haya muchas cosas que todavía no comprendamos, y posiblemente nunca lo hagamos.

Si queréis leer al Morrison más puro, posiblemente Los Invisibles sean la manera más rápida y directa. Pero advertidos estáis.

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