La Fuente de la Vida

“La fuente de la vida” es una odisea sobre la eterna lucha de un hombre por salvar a la mujer que ama. Su peripecia épica empieza en la España del siglo XVI, donde el conquistador Tomas comienza su búsqueda de la Fuente de la Eterna Juventud, la legendaria quimera que se cree concede la inmortalidad.

Un científico de hoy en día, Tommy Creo, lucha desesperadamente por encontrar una cura para el cáncer que está matando a su adorada mujer, Isabel. Viajando a través del espacio como un astronauta del siglo XXVI, Tom empieza a comprender los misterios que le han atormentado durante un milenio. Las tres historias convergen en una verdad, cuando los Thomas de todas las épocas -el guerrero, el científico y el explorador- aceptan la vida, el amor, la muerte y el renacimiento.

Las peliculas que abusan de la metafísica no suelen gozar de un éxito elevado por dos motivos: o son bastante complicadas o son auténticos bodrios.

Lo verdaderamente difícil y con toda probabilidad imposible es determinar cuales pertenecen a un grupo u otro. Precisamente por su condición suelen ser peliculas ambiguas, tan abstractas que en ocasiones rozan el absurdo. Es ahí donde interviene la mente del espectador. Si uno en si mismo es capaz de rellenar los huecos que faltan, aportar ese grano de arena, ese engranaje que haga funcionar la maquinaria acojerá al filme como algo imprescindible. Sin embargo, si por el más leve instante la confusión o la duda pasan por su mente, el resultado será un malestar interminable por intentar comprender algo que nos hace sentir estupidos. Que nadie se torture, dentro de esta fauna pocos son los purasangre que merecen la pena, ya que hay mucho “autor” por ahi suelto que, sabiendo romper cuatro reglas cinematográficas ya cree que aporta un mensaje absoluto al mundo del celuloide.

¿Cómo podemos saber entonces si La Fuente de la Vida es buena o mala? Solo hay una manera. Viéndola. Cada espectador sacará unas conclusiones que no tienen porqué ser las mismas que las de su compañero de butaca. Aunque es cierto que podemos aferrarnos a algunos asideros que nos permiten analizar la pelicula de forma más o menos objetiva.

Para empezar, el planteamiento. Una base clásica (la busqueda de la eterna juventud) se extiende de forma original (tres historias, tres tiempos paralelos). El ritmo de la pelicula no decae en ningun momento, sabiendo saltar de un tiempo a otro de forma bastante acertada. A todo esto ayuda la dirección, nos encontramos con un filme preciosista que transmite mucho, no solo con la trama, sino con la imagen y la musica. Por último, los actores cumplen muy bien con su papel ayudando que compartamos sus emociones minuto tras minuto.

En definitiva una pelicula que debe juzgar cada uno, aunque desde aqui recomendamos su visionado. Gustará, no gustará, pero como ocurre con el buen cine de este tipo, no dejará indiferente.

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