[ANÁLISIS] The Last Guardian – De mascota, quiero un Trico

De Japan Studio llega una inolvidable historia de camaradería, confianza y extraordinarias aventuras en una extraña y mística tierra. Cuando un joven conoce a una colosal y misteriosa criatura llamada Trico, la pareja forma una profunda e inquebrantable unión que les ayudará a sobrevivir entre las ruinas y los malévolos peligros que les rodean. Trabajando juntos, esta extraña pareja tendrá que comunicarse entre sí para superar tremendos obstáculos y desvelar los secretos de su precioso mundo de fantasía y sobrevivir a este conmovedor viaje cargado de emociones.

Posiblemente, The Last Guardian ha sido uno de los análisis más complicados a los que me he tenido que enfrentar desde que me dedico a poner en palabras las sensaciones que me producen las obras de ocio que caen en mis manos. En todos estos años la finalidad nunca ha sido realizar un análisis pormenorizado de los aspectos técnicos de una obra y sí que lo ha sido el intentar transmitir con absoluta sinceridad todo aquello que me evocaba el título de principio a fin. Eso implica reconocer antes de nada que en su día no tuve la oportunidad de jugar a ICO y mi contacto con Shadow of the Colossus fue breve, muy breve. Efectivamente, The Last Guardian era mi primer rodeo con Team ICO y a pesar de que mi interés por el medio me ha llevado a llegar lo más informado posible ante este videojuego quizás, y sólo quizás, no estaba preparado para lo que me iba a encontrar.

He leído numerosos artículos que ensalzan las bondades del título y obviaban por completo sus defectos porque según ellos, lo bueno no sólo compensaba lo malo. Lo convertía en algo completamente irrisorio. He leído que aquellos que comparten su vida con una mascota, iban a sentir una especie de fuerza mágica brotar de sus corazones nada más meter el disco en la consola. He leído que 9 años de espera justifican cualquier cosa que nos podamos encontrar en The Last Guardian. Y todos ellos me han hecho preguntarme repetidamente: de no ser un juego de Team ICO… ¿las opiniones serían las mismas? No se porqué me temo que la respuesta no es afirmativa, pero no soy nadie para juzgar la opinión de nadie, a fin de cuentas es esa variedad de disensiones la que hace que la industria del videojuego sea tan rica como es a día de hoy.

Mis primeros compases en The Last Guardian estaban bañados por la curiosidad. La curiosidad de descubrir como me iba a afectar la interacción con Trico, el interés por acercarme a los preciosistas mundos de Team ICO, a pesar de el nefasto sistema de contro y la terrible cámara (basta ya de suavizar dos defectos flagrantes en los tiempos que estamos con que son parte de la “personalidad” del estudio o “marca de la casa”) los primeros saltos y rompecabezas despertaban mi interés, el tener que descubrirlo todo por mi mismo y averiguar como aprovechar las habilidades de Trico y su relación conmigo, el misterio que nos envuelve a los dos… Todo en su sitio, todos los sistemas en linea, nos espera un viaje para el recuerdo…

Lamentablemente hacia la mitad del trayecto me doy cuenta de que no me siento como se supone que debería. Aunque Trico me despierta simpatía, y me apetece acercarme a acariciarlo cada vez que puedo; su comportamiento es errático, teniendo que repetirle las órdenes hasta la saciedad para que, con suerte, vaya hacian donde quiero (y no decida de forma unilateral desandar el camino realizado). Por otro lado no siento esa supuesta “magia”, cada vez que me lamento por su destino, se que en breve le daré unos cuantos barriles de esos que tanto le gusta y que a mi me da tanta pereza buscar y se pondrá de nuevo como una rosa. Para entonces la cámara y el control me tienen literalmente desesperado obligandome a repetir en determinado momento del juego el mismo salto (de una plataforma a una viga) hasta una veintena de veces sin conseguir no estamparme contra el suelo teniendo que repetir toda la zona de nuevo. Descubrir lo que hacer ya no es divertido, al final todo se reduce a mirar hacia arriba (si consigues que la cámara responda) y ver por donde subir con la ayuda de trico para pulsar el botón que abra la siguiente puerta. Siento que no conecto y que las lágrimas que me prometieron que iba a soltar, no van a llegar.

Pero al final (y en esta ocasión siento que The Last Guardian se merece un párrafo adicional de los autoimpuestos en la estructura de los análisis de esta revista) esa empatía llega. En los últimos compases del juego esas sensaciones prometidas y que levemente se atisbaron al inicio de The Last Guardian, aparecen. Finalmente siento algo de esa magia que que fluye entre Trico y yo mismo y por fin encuentro rompecabezas divertidos de realizar en los que el control no supone problema ninguno. Entonces soy consciente del enorme y maravilloso escenario que Fumito Ueda ha creado para la ocasión (y que hasta entonces me había pasado desapercibido). Lamentablemente, en mi caso, y esto es totalmente personal, llega poco y tarde. Aunque sin duda entiendo por qué mucha gente ha llegado a valorar el juego como lo ha hecho. Efectivamente si este título lo hubiera hecho otro estudio, lo hubieramos despedazado sin piedad. Pero se trata de The Last Guardian y tiene algo que nos impide hacerlo.

De manera que por favor, no hagáis caso a mis opiniones personales y jugad el juego. Eso implica que a lo mejor no os va a gustar. Si no os queréis arriesgar, esperad un poco a que baje de precio, o buscad críticas de redactores que sepáis que son afines a vuestros gustos. Pero cuando llegue el momento, dadle la oportunidad. Quizás seáis de esos afortunados que conecten completamente con Trico, y si os sucede eso, no sólo os envidiaré en extremo; si no que estoy seguro de que será una de las experiencias más bonitas que os proporcione un videojuego.

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