[ANÁLISIS] Los Muertos Vivientes nº 24 – Nuevas amenazas

¿Cuántas horas al cabo del día pasas viendo la televisión? ¿Cuándo fue la última vez que cualquiera de nosotros de verdad hizo algo para conseguir lo que quería? ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que cualquiera de nosotros necesitó algo de lo que quería? El mundo que conocíamos ya no existe. El mundo del comercio y las necesidades superfluas ha sido reemplazado por un mundo de superviviencia y responsabilidad. Una epidemia de proporciones apocalípticas ha barrido la Tierra haciendo que los muertos se levanten y se alimenten de los vivos. En cuestión de meses la sociedad se ha desmoronado, sin gobierno, sin supermercados, sin correo, sin televisión por cable. En un mundo gobernado por los muertos, por fin nos vemos obligados a empezar a vivir.

Los Muertos Vivientes en sus casi 25 volúmenes de vida (nada menos que la friolera de 144 episodios americanos) ha pasado por diversas etapas de mayor o menor calidad. Resulta innegable que la calidad global de la serie ha sido muy elevada, si que es cierto también que en algunas etapas (muy pocas, eso sí) de las más recientes empezaban a antojársenos un poco “más de lo mismo”. Nuevas amenazas que se deslizaban sutilmente por caminos ya vistos previamente y que nos preocupaban en cuanto a la salud a largo plazo (todavía más) de la colección. Sin embargo, tras la guerra con Negan y el descubrimiento de los otros asentamientos, los últimos tomos de Los Muertos Vivientes nos mostraban algo completamente nuevo: normalidad.

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No hablamos de esos pequeños descansos entre tanto sufrimiento como cuando nuestros protagonistas encontraron la granja de Hershel o la cárcel. Pequeños reductos de felicidad que todos sabíamos que estaban destinados a caer en favor del avance narrativo de la trama. Sin embargo, con Alejandría y la Cima, la sensación es muy diferente. Todos compartimos la sensación con los protagonistas de que quizás, sólo quizás, pueda ser el sitio definitivo donde asentarse y vivir con toda la normalidad de la situación actual del planeta. Ya sólo ese cambio de aires le sentó a la colección como algo completamente nuevo. Eso y el pasar el testigo protagonista a Carl como reemplazo de Rick.

Sin embargo, estamos en Los Muertos Vivientes, y aunque quizás sea cierto de que todos ansiamos que ese cambio de aires sea más o menos permanente, somos conscientes de que las cosas se van a torcer cuando menos lo esperamos. Y no sólo por el hecho de que Negan siga vivo o siempre haya “ciudadados descontentos” que amenacen un equilibrio de poder completamente frágil. Las amenazas externas también son uno de los mayores peligros de Los Muertos Vivientes, y ya Kirkman nos ha dejado bien claro que lo que se avecina es una amenaza como ninguna otra que hayámos visto hasta ahora.

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Lo mejor de todo es la calma que se está dando el guionista en revelar sus cartas ocultas en relación al nuevo grupo de supervivientes que sospechamos harán tambalearse los cimientos de todo lo que nuestros protagonistas han construido a lo largo de los años. Sólo queda una forma de averiguarlo, y es esperar a que llegue el número 25 y podamos devorarlo de un tirón. Porque eso es algo que nunca cambia. En 24 entregas de la serie en España, nunca, nunca, nunca, he sido capaz de soltar un volumen hasta haberlo terminado por completo.

Y esa es la mejor señal de buena salud que puede demostrar un cómic.

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