[ANÁLISIS] Los Muertos Vivientes nº 26 – Llamada a las armas

¿Cuántas horas al cabo del día pasas viendo la televisión? ¿Cuándo fue la última vez que cualquiera de nosotros de verdad hizo algo para conseguir lo que quería? ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que cualquiera de nosotros necesitó algo de lo que quería? El mundo que conocíamos ya no existe. El mundo del comercio y las necesidades superfluas ha sido reemplazado por un mundo de superviviencia y responsabilidad. Una epidemia de proporciones apocalípticas ha barrido la Tierra haciendo que los muertos se levanten y se alimenten de los vivos. En cuestión de meses la sociedad se ha desmoronado, sin gobierno, sin supermercados, sin correo, sin televisión por cable. En un mundo gobernado por los muertos, por fin nos vemos obligados a empezar a vivir.

Hace poco leía en prensa que la serie de televisión de Los Muertos Vivientes podría durar hasta 2030, y eso que en apenas 7 temporadas han alcanzado ya casi a un cómic que lleva en nuestro país la friolera de más de 150 episodios. Lejos de entrar en el manido debate sobre si es mejor leer el cómic o ver la serie, si que podemos utilizar estos datos para hacer un poco de retrospectiva sobre lo que supone para nosotros, como lectores de la serie el haber acompañado a Rick Grimes y compañía durante todo este tiempo (por hacer una cuenta rápida: 150 episodios mensuales, entre 12 meses nos dan, redondeando, algo más de 12 años de lectura ininterrumpida. Se dice pronto.

Y lo mejor de todo, es que a pesar de los inevitables altibajos presentes en series de semejante duración, el ritmo de Los Muertos Vivientes podría calificarse de impecable. Con mayor o menos ansiedad, raro es el tomo publicado en nuestro país de la saga que no devoramos de principio a fin sin ser capaz de soltarlo hasta llegar a la contraportada. Momento, para más inri, en el que solemos quedarnos con ganas de comprar el siguiente (al que lamentablemente le faltarán meses por salir a la venta) ya que Kirkman es experto en dejarnos con ganas de más. Lo más curioso es que en todos estos años hemos visto todo lo imaginable. Sin embargo, el guionista siempre encuentra algo con lo que volver a despertar nuestro interés. Nuevas situaciones que, alimentadas por lo que sabemos de experiencias pasadas despiertan nuestra curiosidad y nuestro miedo.

Una vez más nos sentamos a leer y sufrimos página tras página esperando que todo lo que han construido los protagonistas no se vaya al garete por un único y tonto error. Cosa que hemos visto ocurrir demasiadas veces. Cada vez que vemos a un personaje sufrir una herida, por pequeña que sea, sabemos que su vida pende de un hilo que hemos visto cortarse demasiadas veces. Nadie está a salvo. Nadie. Y eso es lo que hace que sigamos adelante, compartiendo los buenos y malos momentos. Y esperando durante meses a saber qué va a suceder con el precario equilibrio que sostiene a todas las relaciones de Los Muertos Vivientes.

Hoy es una llamada de radio, un villano que regresa, un nuevo enemigo. De la misma forma que antes lo fuergon un Gobernador, unos cazadores sin escrupulos o unos jóvenes amantes. No sabemos si para 2030 se seguirán publicando Los Muertos Vivientes. Pero es seguro que de ser así, nosotros estaremos ahí para seguir acompañando a los protagonistas (quede quien quede), ayudandoles siendo testigos silenciosos de su cruzada. Hasta que finalmente la civilización vuelva a florecer… o ya no queden hombres vivos sobre la tierra. Nosotros no podemos parar de mordernos las uñas, una vez más, esperando al siguiente volumen de la serie.

Después de 26 tomos Los Muertos Vivientes siguen tan vigentes como el primer día. Imprescindible serie de principio a fin.