[ANÁLISIS] Predicador Vol. 9 – Álamo

En un pequeño recinto fortificado en el corazón de Texas, unos 180 hombres murieron por su libertad. El lugar era la misión de San Antonio de Valero, pero es recordado por otro nombre: el Álamo. Ahora, el reverendo Jesse Custer regresa a este lugar de sacrificio para terminar con la búsqueda que se inició años atrás, en los restos abrasados de su iglesia. Una búsqueda para encontrar a Dios y hacerle responder por sus acciones. Después de todo por lo que han pasado Jesse y su amante Tulip O’Hare, al fin ha llegado el momento de impartir justicia a los culpables y exigir respuestas a los traidores. Pero ¿tendrá la posibilidad de actuar antes de que Starr, el líder obsesionado con la venganza de la conspiración del Grial, termine atrapándole? ¿O el Álamo volverá a ser el escenario de otra derrota justa?

Dicen que todo lo bueno se acaba. Y que lo bueno, si breve, pues doblemente bueno. Ambas afirmaciones se podrían aplicar a este noveno volumen de Predicador. Una serie de la que, sin apenas darnos cuenta, hemos llegado a su ansiado final. Claro nos quedaba desde un principio, que aunque nos encontrábamos ante un producto de publicación regular, tarde o temprano tendría que llegar a un desenlace, marcado por la premisa de la serie, como era el encontrarse a Dios y enfrentarse a él. Durante todo este tiempo, los tres protagonistas de la serie (y algunos de sus secundarios) han recorrido un largo viaje para encontrarse a sí mismo y cumplir sus metas.

En todo este tiempo, casi sin darnos cuenta, hemos aprendido a sentir compasión por Custer, amor por Tulip, simpatía y odio a partis iguales por Cassidy… Y ya veníamos preguntándonos como sería el despedirnos de ellos cuando llegara el momento sin darnos cuenta casi, de que era algo que nos esperaba a la vuelta de la esquina. Y hay que decir que la despedida ha estado a la altura. No importa lo dura, trágica o difícil que se pusiera la cosa, ni las decisiones que tuvieran que tomar para seguir adelante. Nosotros los acompañamos todo el camino y es con nosotros con quién se despiden en un tomo redondo de principio a fin.

Y no nos sorprende ni siquiera un poquito que el ‘leiv motif’ de la serie, nos importe ya una mierda de perro bien gorda. Nuestros tres mejores amigos (o aquellos que solían serlo, dependiendo de quién hablemos) tienen un problema gordísimo entre manos y nosotros sólo podemos limitarnos a quedarnos parados mirando. Con ese nerviosismo propio de la incertidumbre que provoca la anticipación, el no saber cómo van a salir las cosas a pesar de que en nuestras tripas una especie de sexto sentido nos vaya dejando pistas en forma de intuición. Pero siempre queda la duda. ¿Acabará bien? ¿O todo se irá a la mierda en el último momento?

Siento mucha pena al despedirme de una serie como Predicador, pero también una alegría inmensa por haber podido disfrutarla estos meses, un sabor agridulce por no haberla descubierto antes y una euforia total por contarle al mundo lo que se está perdiendo si todavía no le ha dado la oportunidad. Pero también me queda la certeza de saber, que siempre que los eche de menos (a Jesse, Tulip, Cassidy, Caraculo, Lorie, Featherstone, Hoover y que narices, incluso a Herr Starr, al Santo o al mismísimo Dios) siempre podré volver a abrir ese primer volumen que me estalló en la cara en su momento, y volver a acompañarlos de nuevo.

Porque los amantes del cómic tienen en su corazoncito compartimentado hueco para determinadas obras y Predicador es una de ellas.

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