[ANÁLISIS] Star Wars: El Despertar de la Fuerza – Intensa jornada de reflexión.

Luke Skywalker ha desaparecido En su ausencia, la siniestra Primera Orden ha surgido de las cenizas del Imperio y no descansará hasta que Skywalker, el último Jedi, haya sido destruido. Con el apoyo de la República, la General Leia Organa dirige una valiente Resistencia. Desesperadamente busca a su hermano Luke con el fin de obtener su ayuda para restaurar la paz y la justicia en la galaxia. Leia ha enviado a su piloto más audaz en una misión secreta a Jakku, donde un viejo aliado ha descubierto una pista del paradero de Luke…

Los créditos sobre fondo de estrellas aparecen en la pantalla y se encienden las luces de la sala. La sala rompe en un aplauso al que me uno, pero mi cabeza está en otro sitio. Mi acompañante se gira hacia mí y me lanza el inevitable: “¿Te ha gustado?”. ¿Cómo no iba a gustarme?, mi cerebro no deja de darle vueltas a esa idea pero lo que sale por mi boca es un confuso “no estoy seguro”. Tras dos años de espera y unos últimos días de una intensidad que roza lo malsano, finalmente ha sucedido: Ya he visto Star Wars: El despertar de la Fuerza, el problema es que ahora no sé como me siento al respecto. Devuelvo mi concentración a la música que suena y fijo la mirada en el resto de espectadores que lentamente va abandonando la sala, y entonces me percato de que hay muchos más en mi misma situación. No soy capaz de encontrar gente que salga eufórica por lo que acaban de ver, ni a los posibles indignados con un resultado que no alcanza sus espectativas. No, hay mucha gente que por lo que parece, aún trata de digerir lo que acaba de ver. Es entonces cuando reparo en una última cosa: me duele la mandíbula de tener la boca abierta y tengo los ojos empapados…

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Dejo que pase la euforia inicial y su correspondiente bajón emocional consecutivo. Empiezo a pensar en lo que he visto. Decido dejar que pase más tiempo e incluso veo acertado volver a consultarlo con la almohada una segunda vez. Mis conocidos empiezan a ver la película por su cuenta e inevitablemente me hacen llegar sus conclusiones. La mayoría coinciden en que se trata de una gran película y que han disfrutado enormemente viéndola, sin embargo, encuentro algunas notas discordantes, y no puedo evitar que sus comentarios me produzcan una ligera tristeza. Dos días después de haberla visto, todavía soy incapaz de separar el corazón de la mente y sentarme delante del ordenador a seleccionar las palabras adecuadas que transmitan como me siento respecto a la última entrega de Star Wars. Vuelvo a irme a la cama con cierto desasosiego en mi interior. Es al levantarme nuevamente cuando me percato de que llevo casi tres días sin ser capaz de quitarme la película de la cabeza. Eso y la gran cantidad de sentimientos que ha despertado en mí me conduce a sacar una conclusión prácticamente indiscutible: El despertar de la Fuerza no me ha gustado… me ha encantado.

A pesar de sus fallos (que los tiene) se trata posiblemente del ejercicio de continuación más digno que ha tenido Star Wars en toda su historia, quedando muy por encima de la criticada (y vista mil veces por todos) trilogía de precuelas de Lucas. El despertar de la Fuerza derrocha más amor y más entendimiento de la saga en cada fotograma que los episodios del I al III en todo su conjunto. Es cierto que el doblaje es sencillamente vomitivo (estoy esperando a verla en versión original para sacar conclusiones más definitivas sobre ciertos personajes) y hace que sencillamente aquellos personajes que más presencia deberían tener, se conviertan en seres planos carentes de motivación. Pero para compensar contamos con un trio protagonista que se come la pantalla (aunque alguno de ellos todavía tiene que desarrollarse mejor en futuras entregas). Las constantes miradas atrás en busca de referencias a la trilogía más clásica son a la vez la gran virtud y el peor defecto de este séptimo episodio, de la misma forma que la ausencia de información deliberada nos deja con ganas de saber más a la vez que nos desconcierta y nos hace sentir incómodos.

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Me repito una y otra vez que una película que me ha tenido todo el visionado con la boca abierta y llorando de la emoción (no lo digo yo, lo dice quién disfrutó de la experiencia conmigo) y que me ha dejado las ganas de verla no una, si no varias veces, cumple todos los requisitos para ser considerada una gran película. Sin embargo, el que no haya sido lo suficientemente redonda como para que nadie pueda criticarla (algo casi imposible y que siendo realistas, tampoco se daba en el caso de las clásicas, que gozan de la inmunidad que le otorgan varias generaciones de fans sobreprotectores) quizás me entristece ligeramente. Quizás cuando sus secuelas cierren el ciclo y el tiempo pase, alcance ese estatus de culto que en mi fuero interno sé que se merece, alcance ese estatus de mito universal. Es imposible contentar a todo el mundo y si ya las películas originales contaban con detractores (puede parecer increible, pero no es menos cierto por ello) no es de extrañar que haya quién no enloquezca con esta nueva entrega.

Lo que si puedo asegurar es que el trabajo se ha hecho bien, y que de seguir así, Star Wars cuenta con un interesante futuro por delante. Ahora sólo queda esperar dos años a que la historia continúe. Afortunadamente, las navidades que viene tendremos nuestra pequeña dosis con Star Wars Anthology: Rogue One.

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