[ANÁLISIS] Star Wars: Lando nº 4 – Sorpresas inesperadas

Vivimos un tiempo en el que es necesario ser astuto y emplear artimañas. Lando Calrissian acepta robar una nave de lujo (la Imperialis) para saldar una deuda que ha contraído. Decide llevar a cabo el encargo acompañado de un equipo compuesto por su antiguo amigo Lobot; los guerreros clones Akesin y Pavol; y la sava Korin Pers, especialista en antigüedades. por desgracia para el equipo, resulta que la nave le pertenece al mismísimo emperador Palpatine. Una estancia que hay en el centro de la nave esconde un tesoro de antiguos objetos y artefactos sith, pero la protegían dos miembros de la Guardia Imperial de Palpatine, que hieren de gravedad a Lobot. Aleksin y Pavol se enfrentan a los guardias y consiguen derrotarlos. Mientras tanto, Lando y Korin han llevado a Lobot a un tanque de bacta a todo correr. Parece que los peligros podrían haber acabado, pero el Emperador ha ordenado a su arregladora personal, Chanath Cha, que recupere la nave cueste lo que cueste y la implacable cazadora cada vez está más cerca…

Sólo queda un número más para que Star Wars: Lando llegue a su final y deje paso (suponemos) a Star Wars: Chewbacca como nueva serie limitada en paralelo a Star Wars Star Wars: Darth Vader. Pero antes de que nos levantemos y salgamos corriendo como suele hacer la gente en el cine cuando empiezan los créditos finales, veamos todo lo que puede dar de si una miniserie tan imaginativa como divertida. Quiero decir, un cómic con pícaros, clones, peleas de artes marciales, Sith, espadas de luz y cazarrecompensas con jetpacks no puede dar como resutado otra cosa más que una combinación explosiva, ¿no?

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Se ha especulado mucho tiempo sobre una película de Star Wars que fuera una película de robos. Quizás los mejores mercenarios y cazarrecompensas de la galaxia realizando ese robo imposible que les proporcionara el botín de su vida. A fin de cuentas, a todos nos encantan las películas de robos imposibles. Son divertidas, imaginativas, sorprendentes… A falta de que dicha película vea la luz algún día (quizás como parte de Star Wars Anthology), o no, lo más parecido que podemos encontrar es este cómic protagonizado por Lando Calrissian, solo que en esta ocasión, que qué el plan salga mal implica algo mucho peor que acabar en comisaría.

Como toda buena película de robos, Star Wars: Lando nos ofrece una buena cantidad de giros sorprendentes que lleven la narración por el camino diametralmente opuesto a lo que nos esperábamos. Ya hemos tenido algunas de estas sopresas en números anteriores, como cuando al final del primer número todo iba bien y nos enterabamos de que el yate pertenecía al mismísimo Emperador, o cuando al abrir la cámara principal aparecían dos Guardias Imperiales que nadie esperaba y “mataban” a Lobot. Los artefactos sith también fueron inesperados, y la reacción de uno de ellos al final del tercer episodio tampoco entraba en nuestros planes.

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Aquellos que disfruten con este tipo de narrativa encontrarán en el cuarto número de la miniserie su mejor representante. No queremos ahondar mucho para no desvelar nada por si todavía no lo habéis leido (que sería lo lógico si estáis consultando un análisis de la obra para ver si merece la pena). Pero os podemos asegurar que en más de un par de ocasiones (y el cómic tiene sólo 24 páginas) nos hemos quedados completamente congelados antes de pasar página o leer la viñeta siguiente. Y teniendo en cuenta que sólo queda un único número para finalizar la miniserie… estamos seguros que en el quinto capítulo las cosas no van a ir mucho más relajadas.

Una historia diferente dentro del nuevo marco del Universo Expandido de Star Wars.

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