[ANÁLISIS] Star Wars: Consecuencias – Deuda de vida

Son tiempos oscuros para el Imperio… El Emperador ha muerto, y los restos de su antiguo imperio están en desbandada. Mientras la Nueva República lucha por restaurar una paz duradera para la galaxia, algunos se atreven a imaginar nuevos comienzos y nuevos destinos. Para Han Solo, eso significa liquidar su última deuda pendiente, ayudar a Chewbacca a liberar Kashyyyk, el planeta natal del wookie. Mientras tanto, Norra Wexley y su equipo de cazadores de imperiales persiguen a la Gran Almirante Rae Sloane y al resto de líderes del Imperio por toda la galaxia. Cada vez más oficiales comparecen ante la justicia, pero Sloane sigue eludiendo la Nueva República. Norra teme que Sloane esté buscando la forma de salvar del olvido al Imperio moribundo. Pero la persecución de Sloane se interrumpe cuando Norra recibe una petición urgente de la Princesa Leia Organa. En su intento de liberar Kashyyyk, Han Solo, Chewbacca y una banda de contrabandistas han caído en una emboscada, Chewie ha sido capturado y Han Solo ha desaparecido. El equipo de Norra deja a un lado su misión oficial y se dirije a toda prisa a la última ubicación conocida del Halcón Milenario, preparándose para cualquier desafio que aparezca entre ellos y sus camaradas desaparecidos. Pero no pueden ni imaginarse la verdadera magnitud del peligro que les aguarda, ni la crueldad del enemigo que los tiene en su punto de mira.

El estreno de Star Wars: Episodio VII – El Despertar de la Fuerza no solo fue un momento histórico por la vuelta de la franquicia al cine, lugar que le corresponde por derecho propio. El salto de treinta años en la trama nos dejaba en una posición incómoda al no tener conocimiento de muchos de los acontecimientos que llevan hasta el punto preciso en el que Rey, Poe y Finn cruzan sus caminos para enfrentarse a la Primera Orden. Todos sabíamos que, tratándose no sólo de un salto de semejante calibre y con la existencia de un nuevo canon en el Universo Expandido, las aclaraciones no tardarían en llegar. Principalmente por eso, Star Wars: Consecuencias fue uno de los libros más esperados del pasado año y, aunque alguna pista se podía entresacar leyendo muy entre líneas, la verdad es que a mitad de camino entre los episodios VII y VIII no contamos con mucha más información que hace un año.

De nuevo ansiosos por desvelar los misterios que nos quitan el sueño, nos lanzamos a devorar esta secuela. Y si bien es cierto que tampoco somos testigos de ninguna revelación sorprendente, si que parece que el camino está ya trazado y que en el desenlace de esta trilogía la verdad nos será revelada. Pero no adelantemos acontecimientos y esperemos pacientemente, pues no quedan demasiados meses para la consecución de Star Wars: Consecuencias y con lo poco que vamos vislumbrando estamos seguros de que en su momento, quedaremos más que satisfechos con las respuestas. No obstante, a pesar de nuestros miedos, el nuevo Universo Expandido está resultando de lo más satisfactorio, especialmente gracias a su milimétrica coherencia interna. Más allá de sacar a personajes de Clone Wars en la nueva Rogue One, recordamos, por poner un solo ejemplo que Temmin, uno de los protagonistas de la novela es aquel que en el Episodio VII se conoce como “Snap” Wexley. Son esos detalles los que nos vuelven locos.

De nuevo en este Star Wars: Consecuencias – Deuda de vida, resultan más interesantes esos breves interludios que no sólo nos muestran los cambios que están teniendo lugar en la galaxia (¡queremos saber que pasa con Boba Fett ya!) que la propia historia en sí misma. Es cierto que con el grupo protagonista ya integrado, nos sentimos mucho más cómodos leyendo sus aventuras. Sin embargo, el escenario cambiante nos despierta tanta curiosidad, que son los episodios dedicados a Sloane y el Imperio los que realmente nos hacen devorar páginas desesperadamente en busca de información relevante. Aún así, la historia que aquí se trata (la búsqueda de Han Solo y la liberación de Kashyyyk son el plato principal) resulta lo suficientemente interesante para justificar el libro por sí mismo.

Resulta curioso que se haya dejado en manos de Chuck Wendig y no en las experimentados intelectos de James Luceno o Timothy Zahn el peso de la trilogía de novelas más importantes de la actualidad para la saga. No termino de adivinar por qué, pero el estilo de escritura de Wendig, con frases cortas en presente, simplificando la narrativa al extremo, no termina de conectar conmigo como lector. A pesar de ello la lectura se lleva con facilidad y no hay que perder de vista que por ahora, se trata de la novela (junto a su precuela) más importante del nuevo canon galáctico, por lo que su lectura, independientemente de lexicología o semántica determinadas; es completa y absolutamente obligatoria.

No podemos esperar a Star Wars: Consecuencias – Empire’s End para saber qué ocurrió esos años, pero una cosa es segura. Todo apunta a Jakku…

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