[ANÁLISIS] Transmetropolitan nº 2 – Pasión por vivir

Bienvenidos al futuro. es un lugar inquietante, corrupto y superpoblado. Ni más ni menos como el presente, pero en este porvenir incierto existe el periodista Spider Jerusalem. Dotado de un olfato finísimo para la noticia, Spider le toma el pulso a la actualidad destilando veneno en cada uno de sus artículos. En esta ocasión investiga el destino de los reanimados, asiste a la conversión del amor en un virus informático y trata de esquivar la última voluntad de su exesposa, que incluye un encuentro cara a cara con el hijo de ambos. si es que el niño tuviera cara o, siquiera, una cabeza sobre los hombros, claro.

Transmetropolitan juega a un juego peligroso al intentar mantener varios platos girando en el aire. Y lo mejor de todo es que, al menos por ahora, parece conseguirlo sin apenas sudar. Por un lado tenemos la base sobre la que se sustenta la obra. La búsqueda de la verdad, la esencia del periodismo. El cómo utilizar una ciudad futura, ficticia y a todas luces imposible para criticar sin tapujos el periodismo de hoy día. Casi como si nos encontráramos ante una suerte de The Newsroom futurísta en el que nuestro protagonista realiza esa búsqueda de aquello que se nos oculta a simple vista y que por diversos motivos, parecemos no estar interesados en conocer.

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Pero es precisamente otro plato el que gira a velocidad de vértigo el que sostiene a Spider Jerusalem. Porque si la trama principal es importante para Transmetropolitan, la figura de aquél que la busca no lo es menos en este caso. Que Spider es un personaje atípico es algo que ya se dejó ver en la primera entrega de la serie. Sin embargo, en este segundo tomo comenzamos a vislumbrar algunos  retazos de su pasado. Y aunque todos coincidamos con sus ideales periodísticos, quizás no estemos preparados para conocer al verdadero Jerusalem. Estamos seguros de que el tiempo nos mostrará muchos trapos sucios que inclinarán la balanza del amor hacia el odio.

Pero el plato que más se acelera en este segundo tomo es quizás uno de los más interesantes y aunque lo hemos tenido presente todo el tiempo, hasta ahora no había cobrado relevancia, llevándose un par de episodios de este Pasión por vivir en exclusiva. Hablamos del propio mundo de Transmetropolitan, esa ciudad extraña en la que podríamos acabar viviendo (o no) dentro de unos cuantos años. Un lugar en el que por fin se pueden reanimar a las personas que hoy día se congelan criogénicamente o donde se crean reservas naturales para preservar culturas del pasado como los aztecas o la del amor libre de los 70.

Y es que todas estas piezas combinadas nos ofrecen un mapa complejo en el que cada interacción nos sorprende con un nuevo giro de tuerca (por favor, impagables esos perros policía), y lo mejor de todo, es que el viaje no ha hecho más que empezar. Todavía queda mucho Transmetropolitan que conocer y a buen seguro el viaje será movidito. Porque no hay que olvidar que ahora todo lo que leemos nos ofrece muchas de las cosas mostradas en la serie de Warren Ellis, y quién lo lea ahora por primera vez, quizás la encuentre poco original. Pero en su momento fue una de las series más irreverentes del mercado y pionera en su campo, y sólo por eso debe ser leída con la reverencia que se merece.

Porque Transmetropolitan es una de las Grandes (así, con mayúsculas) del cómic, como lo fueron Sandman, PredicadorHellblazer.

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