[ANÁLISIS] Transmetropolitan nº 03 – El año del Cabrón

Está todo amañado. Se avecina año electoral y la campaña se presenta muy reñida. La ciudadanía debe escoger entre dos grandes males: el ultraconservador Bob Heller (cuya fotografía ilustra el término “fascista” en el diccionario) y el sonriente Senador Callahan (un lobo con piel de cordero). Ante semejante pareja de candidatos, Spider Jerusalem se lanza a cubrir la campaña con la acidez, la locura y la falta de escrúpulos que lo caracterizan. El resultado, naturalmente, es explosivo.

El sistema educativo debería fijarse con más frecuencia en el mundo del ocio para buscar maneras interesantes de desarrollar los conceptos que, de manera solemnemente aburrida obligamos a nuestros estudiantes a memorizar una y otra vez sin buscar más utilidad práctica que la simple retención de contenidos en la memoria, prestos para ser olvidados con la llegada de las siguientes vacaciones. Si nuestros educadores decidieran apoyar sus lecciones con contenidos cinematográficos o literarios, con videojuegos o cómics. La palabra escrita y la fotografía no tienen la exclusividad para mostrar la verdad y la información.

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Y digo todo esto porque tras haber pasado varios años, por circunstancias laborales, rodeado de periodistas y hoy, tras leer el tercer tomo de Transmetropolitan tengo cada vez más claro que (junto a la serie The Newsroom), la colección protagonizada por Spider Jerusalem debería ser lectura obligatoria en todas las facultades de periodismo del mundo. Tras dos volúmenes en los que hemos podido conocer los métodos poco ortodoxos de Jerusalem para hacer periodismo, llega el momento de meter las manos en harina. La política. Ese cascabel que nadie se atreve a poner al gato. La posición de poder elegido por el pueblo y mal necesario de corrupción y estafa para el correcto funcionamiento de nuestra sociedad.

Da igual que las noticias sean o no informativas o puro espectáculo. Cuando llega la hora de hablar de política, el cacareado Cuarto Poder pierde todo el aliento, toda su autoproclamada fuerza para convertirse en papagayo y mono de repetición de “los hechos” tal y como suceden. En El año del Cabrón por fin vemos a Spider Jerusalem sacar su vena periodística. Por fin demuestra algo que ya veníamos intuyendo tras esa fachada de cínico y sociópata. La verdad por encima de todo. Algo que no es que nuestros periodistas hayan olvidado, es que nunca lo han aprendido. Prefieren perder las horas debatiendo sobre si imagenes que hieren nuestra sensibilidad deben o no ser publicadas dejan que la verdad se les escape con disimulo ante sus narices.

No hay más ciego que el que no quiere ver. Transmetropolitan es el jarro de agua fría en la cara que nos despierta. Si, es violenta, deslenguada, desagradable y políticamente incorrecta. Sí, está ambientada en un futuro que probablemente nunca llegue a suceder, con humanos que cambian a alienígenas como el que cambia de sexo, y estados de consciencia superiores, o politeísmos más allá de cualquier comprensión. Pero por ficticia que pueda resultar su forma. Nadie puede pasar por alto su contundente fondo. Los verdaderos motivos por el que unos señores ostentan el “poder” de hacer llegar la información a la gente.

Algo que desgraciadamente, al igual que en Transmetropolitan, aquellos acomodados en los engranajes de la sociedad hemos olvidado.

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