[ANÁLISIS] Transmetropolitan nº 04 – La nueva escoria

Las elecciones presidenciales están a la vuelta de la esquina y el resultado es incierto. Para despejar sus propias dudas (y las del electorado), Spider Jerusalem se reune con los candidatos: el Presidente Heller y el aspirante Callahan. El producto son dos entrevistas disparatadas que exponen las ambiciones de dos auténticos depredadores de la política. En esta circunstancia, no existe un mal menor. ¿O tal vez sí y Spider aún no lo ha descubierto?

El anterior volumen de Transmetropolitan fue una bofetada en la cara con la mano abierta al tratar un tema siempre controvertido: la políticaDa lo mismo cómo o con quién lo hagamos, hablar de política siempre suele llevarnos a una discusión sin sentido en la que difícil resulta que los ánimos queden como estaban antes de empezar. Algo parecido a hablar de fútbol con alguien que sabes que profesa la misma religión que tu (ups, ¿he dicho religión cuando hablaba de fútbol?, no se como se me ha podido ocurrir…). Nikon o Canon. Apple o Android. Da igual cual sea el tema a tratar, nos volvemos intratables. El problema se vuelve complicado de narices cuando aquellos sobre los que no somos capaces de ponernos de acuerdo, van a dirigir nuestro futuro durante los próximos años.

Quizás por eso sea tan importante la toma de conciencia, la culturización y el pensamiento racional a la hora de tomar este tipo de decisiones. Porque hay un factor en juego que no somos capaces de discernir como simples mortales de vidas rutinarias: la honestidad. Y de lleno en este concepto de mete este La nueva escoria, continuación directa de los hechos acontecidos en el anterior tomo de Transmetropolitan, y no sólo vuelve a sacudirnos para recordarnos que no es oro todo lo que reluce, ni mierda lo que mal huele; también aprovechamos la coyuntura para meter de lleno a Spider Jerusalemn en una trama que amenaza con tambalear todo lo que, a su manera, ha luchado por construir.

Porque ya hemos dicho en repetidas ocasiones que uno de los pilares fundamentales sobre los que se sostiene Transmetropolitan (qué narices, esencialmente es lo que és Transmetropolitan) es el periodismo. El periodismo y su funcion de informar con el objeto de dar una herramienta infalible a la sociedad para dirigir su rumbo a corto, medio y largo plazo: la verdad. La verdad a toda costa, sin importar herir sensibilidades o dogmatismos de cualquier confesión. Una verdad que cada vez, en nuestro mundo real que no difiere tanto del futuro distópico y alucinógeno que Warren Ellis nos ofrece en esta imprescindible colección, parece más difusa y complicada de discernir. Y aunque ahora parece que vendrán algunos cuantos episodios más centrados en la ficción y las nuevas amenazas de Jerusalem, el mensaje sigue estando ahí latente, esperando a una nueva y preciada casualidad para volver a ser reconocido.

Miedo da pensar, con la que está cayendo que una serie de hace ya más de 15 años que trataba sobre el futuro, siga teniendo la vigencia y la actualidad que rebosa Transmetropolitan en cada página. En serio, la conexión que puede ofrecer la colección con cualquier persona con un mínimo de autocrítica (hacia sí mismo y hacia la sociedad) puede quedar grabada a fuego durante mucho tiempo. Y seamos claros, la figura histriónica y sociopática de su protagonista es sólo una excusa para contar con un hilo conductor lo suficientemente atractivo para vendernos la moto. Transmetropolitan no es igual a nada que se hiciera antes de su nacimiento, pero tampoco ha contado con imitadores ni nadie que se haya atrevido a seguir su rastro.

Y esto, señores, no ha hecho más que empezar.

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