[ANÁLISIS] Transmetropolitan nº 07 – Las rajadas de Spider

La verdad duele. Cuando empezó su carrera, Spider Jerusalem escribía para rentabilizar su psicosi, su tendencia al sensacionalismo y su completa falta de escrúpulos. Ahora, en cambio, escribe para cumplir un mandato divino: derribar al Presidente Callahan. Pero la investigación necesaria para desenmascarar al presidente puede convertirse en un viaje devastador a las zonas más sórdidas de la ciudad que lo enfrentarán a la miseria, la demencia, la desolación y la prostitución infantil.

No puede ser casualidad que cada vez que empieza o acaba una campaña electoral, un nuevo número de Transmetropolitan pase por mis manos. Juro solemnemente que no he predispuesto los hechos para que así suceda en ningún momento. Esta simple coincidencia dota la lectura de una serie sobresaliente como Transmetropolitan de una nueva dimensión completamente desbordante. Cada día me parece menos improbable que el futuro en el que vive Spider Jerusalem llegue a ser el nuestro. Y lo que más me asusta es la posibilidad de que esé más cerca de lo que pensamos. A lo mejor no hay que esperar a tanta ciencia-ficción para que nos veamos reflejados en sus páginas.

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Sigo disfrutando de la serie como el primer día, pero este volumen ha sido uno de los más desgarradores. La relación entre prensa, política y verdad sigue siendo el eje central de la serie. Pero derrocar a un presidente no es fácil, por lo que el tono de la colección está variando hacia otros derroteros, necesarios para hacer avanzar la trama principal. Eso no impide que Warren Ellis siga recreándose en la vida de la ciudad en hacernos comprender cómo es el día a día de la ciudad del futuro. Para bien y para mal. El episodio titulado Tema es completamente desgarrador… Y aunque también nos entretiene por lo exagerado y ácido de su planteamiento… Lamentablemente quizás sea el menos ficticio de todos los episodios de la serie hasta ahora.

Pero la incomodidad de este séptimo tomo de Transmetropolitan no sólo nos la produce la prostitución infantil. Desde que conocimos a Spider Jerusalem siempre lo hemos considerado invencible. Un hombre (no inmortal, no todopoderoso) que comete fallos, pero que gracias al propósito de contar la Verdad (sí, con mayúsculas) siempre hemos tenido claro de que iba a tener éxito en su empresa. En las páginas de Las rajadas de Spider, empezamos a intuir que puede que hayamos estado equivocados todo este tiempo y que ni siquiera el todopoderoso Spider Jerusalem, por muy noble que sea su empresa, llegue a ser capaz de llevarla a buen puerto.

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En apenas tres volúmenes que quedan para completar la serie, estamos seguros de que van a suceder muchísimas cosas. Pero ahora no nos sentimos tan envalentonados como antes. La posibilidad del fracaso está presente, mientras que antes, nuestra puta arrogancia nos tenía cegados. Porque eso es lo que nos pasa realmente, nos autoengañamos para no ver la mierda que nos rodea y lo oscura que realmente puede llegar a ser nuestra sociedad. Nos consolamos pensando que los héroes viven entre nosotros y que por el simple hecho de ser héroes, están destinados a tener éxito y si bien, quizás no nos salven a todos, quizás sean capaces de aportarnos la ilusión para seguir levantándonos por las mañanas.

La Verdad os hará libres… pero a lo mejor no queremos serlo.

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