[ANÁLISIS] Transmetropolitan nº 8 – Canto fúnebre

Esto es el infierno. Algo huele a podrido en la metrópoli: todo el departamento de policía está de baja por enfermedad mientras un francotirador se pasea por los tejados y una tormenta de proporciones bíblicas destruye los barrios pobres y los archivos audiovisuales de la ciudad. Solo Spider Jerusalem es capaz de descubrir el nexo oculto tras esta cadena de desgracias. A menos que sufra un accidente, claro. O una enfermedad degenerativa. O que ambas circunstancias concurran a la vez.

Ya no hay vuelta atrás. Los primeros tomos de Transmetropolitan sirvieron para sentar las bases del juego. Dejar que conocieramos a los personajes y establercieramos nuestros lazos (de amor, odio, o ambas cosas) con ellos. Y sobre todo para empezar a plantear una trama que no se desveló hasta el segundo tercio de la serie. Aquí, tomo tras tomo hemos ido viendo como el pulso que mantiene Spider Jerusalem con la presidencia amenazaba con acabar con todo. Sin embargo, los sucesos acontecidos en el último volumen de Transmetropolitan se encargaron de precipitar las cosas metiéndonos de lleno en el tercer acto de la serie. Bienvenidos al desenlace. Agárrense fuerte.

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Porque ya se acabaron las sutilezas (si, amigos, Jerusalem hasta ahora estaba siendo sutil) y llega la hora de que ambos contendientes comiencen a lanzarse sus mejores golpes después de haberse tanteado largo y tendido. Sí, esto es algo que llevamos diciendo al menos un par de tomos y a cada número que cae en nuestras manos, nos arrepentimos de haberlo dicho, porque la escalada sigue a un ritmo imparable. Efectivamente hace dos tomos que siempre pensamos que la cuerda no se puede tensar más, y que lo último que vemos es el detonante que hace que se rompa, para a continuación volver a ser testigos de como la cosa si que puede ir mucho a peor.

Una vez más visto lo visto en este octavo volumen de Transmetropolitan estamos casi convencidos de que la grieta en la presa no puede crecer más sin romperla y verter todo el torrente de agua que contiene. Pero ya no nos sorprendería estar equivocados. Esa es la magia de Transmetropolitan y lo que hace tan divertida su lectura. Uno cree que sabe por donde van a venir los tiros, y Warren Ellis siempre se las apaña para cogerte desprevenido por las espalda. Y en esta ocasión, mira que pensabamos estar siguiendo las pistas correctamente y que no nos íbamos a dejarnos engañar. Pero de nuevo todo ha sido en vano. Ellis nos la ha vuelto a meter doblada.

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Casi da pena saber que tan sólo nos quedan dos volúmenes más para terminar. Y casi da miedo pensar que realmente en dos números no de tiempo para que Spider termine lo que tiene que hacer. A buen seguro, no nos van a faltar sorpresas, momentos de tensión y de enorme diversión de la mano de uno de los personajes más histéricos que hemos conocido nunca, pero que curiosamente, hemos llegado a querer enormemente a pesar de que se trate de un gilipollas integral. Porque una cosa no está reñida con la otra y al final lo único que importa es la verdad. Te la digan como la digan, siempre que sea cierta.

Ahora mismo Transmetropolitan sigue postulándose como una de las mejores colecciones que estamos analizando en Cazadores de Recompensas.

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